Sobre las relaciones del arte con la participación política, no sólo electoral

InterACCIONES (…) ELECTORALES

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    13 Mayo 2015 at 5:32 PM

    Los artistas también comen. Un proyecto de Verónica Francés con texto de Domingo Mestre para PAM PAM, Centro del Carmen de Valencia, primaver de 2015

    NOTAS PARA UN MANUAL BÁSICO DE SUPERVIVENCIA (PARA JÓVENES ARTISTAS Y OTRAS GENTES DE MAL VIVIR)
    Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Jean Ziegler (Vicepresidente de la ONU).

    Domingo Mestre (United artists from the Museum)*

    No son buenos tiempos para hablar del arte y de los -y las- artistas. Más bien son malos. Incluso podría decirse que son muy malos, para qué engañarnos. Sobre todo en los países del sur de Europa, como España, donde la gran estafa disfrazada de crisis financiera nos llegó demasiado pronto, cuando la deseada normalización cultural tras los 40 años de dictadura franquista aún no se había conseguido por completo. Esto es así porque, aunque en términos de infraestructuras culturales sí que podría considerarse que en los últimos tiempos hemos alcanzado los estándares de la UE, en cuestiones de educación artística y hábitos de consumo cultural esto nunca se ha conseguido. Por otra parte, los discretos niveles alcanzados en estos campos están cayendo de forma acelerada desde 2012, gracias, sobre todo, a las políticas contraculturales del actual gobierno, que parece haberse marcado como objetivo prioritario conseguir una población cada vez más ignorante e insensible. Un pueblo al que se le sigue llamando soberano pero compuesto por una mera agregación de hombres y mujeres en permanente estado de shock, preocupados tan solo por su propia supervivencia. Gente atemorizada y obediente a la que se puede satisfacer con facilidad recurriendo a las viejas políticas de pan y circo, actualizadas ahora bajo la forma de interesada caridad cristiana para con los más desesperados y, sobre todo, fútbol y más fútbol –y corridas de toros.

    Nos encontramos, al parecer, frente a una situación, en la que nuestras “pequeñas oligarquías” han decidido que los -y las- artistas sean de los primeros en ‘morirse de hambre’ en nuestro país. Algo que se está intentando mediante la brutal subida del IVA a las artes y los salvajes recortes en instituciones educativas y culturales. Para ello, desde sus altavoces mediáticos se nos ha intentado convencer de que estos sacrificios son imprescindibles, y que van a servirnos para ganar competitividad y para evitar que el dinero público se despilfarre. Pero los –y las- artistas sabemos muy bien que las apariencias engañan, que detrás de cada trampantojo no hay más que algunas capas de pintura estratégicamente distribuidas. Que la ficción des-informativa es muy fácil de construir, sobre todo cuando se controla la práctica totalidad de los media y de las instituciones culturales y educativas. Que, si bien es cierto que estamos sufriendo las consecuencias de una brutal burbuja especulativa, también lo es que en estos momentos no hay nada nuevo bajo el sol. Que, aunque el país no es rico, como se nos intentó hacer creer hasta hace poco, aquí se puede vivir con dignidad sin serlo. Que estas crisis/estafa forman parte estructural del sistema capitalista, y que lo único que ha cambiado en los últimos tiempos es que ha aumentado, hasta el paroxismo, el caníbal apetito financiero de una clase extractiva cuyo único deseo es acaparar todos los recursos para unos pocos, aunque ello suponga la condena a muerte o a la miseria de los muchos –y, con bastante probabilidad, incluso su próxima y definitiva extinción por antropofágica indigestión.
    Puestos a saber, ahora mismo también sabemos que “sí se puede”, aunque no sea fácil. Que la PAH existe y ha conseguido cambiar muchas cosas. Que las “mareas”, tanto la blanca como la verde”, también han conseguido victorias importantes, aunque nosotros, los profesionales del arte, no hayamos sido capaces de organizar ninguna verdadera respuesta colectiva desde el ámbito cultural -y no sé a qué esperamos, por cierto-. Igualmente, somos plenamente conscientes de que los tiempos de los grandes fastos y espectáculos culturales no van a volver nunca (afortunadamente), y que lo único que nos va a quedar de ellos son las astronómicas deudas públicas y un puñado de ruinosos contenedores sin suficiente presupuesto ni provisión de contenidos. De que no hay vuelta atrás porque es imposible un crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos, y que la única alternativa sostenible pasa por procesos de decrecimiento suave en los que la burbuja especulativa, también la del arte y la cultura al servicio del Mercado, no tiene cabida.
    Lo sabemos y tomamos buena nota de ello. Pero eso no quita para que afirmemos y defendamos hasta las últimas consecuencias que, como trabajadores, tenemos los mismos derechos y obligaciones que cualquiera. Que la unión hace la fuerza y que, si de verdad queremos, al final podremos. Que la creatividad es nuestro campo y que, a través de ella, es seguro que se pueden encontrar nuevas fórmulas que nos ayuden a vivir de otra forma, más plena, consecuente e integrada con nuestro ecosistema. Que el futuro inmediato será completamente diferente o no será. Que la defensa de los derechos sociales en peligro no es incompatible con la exploración de nuevas fórmulas de relación social y económica, por mucho que se nos quiera vender lo contrario para así dividirnos y enfrentarnos. Que nuestra especialización en el campo simbólico no conlleva que nuestras facturas sean metafóricas. Que la lucha por la supervivencia es cada vez más dura para la mayoría de los -y las- artistas, pero también que no es imposible encontrar innovadoras formas de retorno económico para las actuales producciones artísticas. Sabemos, en resumen, que “L*s artistas también comen” –y nos gusta, y mucho, que haya gente que nos lo recuerde.
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    * Este texto ha sido escrito por encargo de la artista Verónica Francés para esta exposición. Dadas las características de su proyecto, acordamos que su “precio”, sería el de una merienda que, finalmente, estuvo compuesta por una infusión de té verde marca Consum (no recomendado), y un par de crepes caseras rellenas de crema de chocolate y avellana de dos colores (que estaban de vicio). Pocas veces me he sentido tan bien pagado.

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